MADRID. Miura, el mítico hierro y una expectación alta que no terminó por cumplir con la afición. Toros descastados, de poca movilidad, sin transmisión, con los que estrellaron sus posibilidades la tercia conformada por Rafaelillo, Juan de Castilla y Jesús Enrique Colombo.
Mansos y deslucidos resultaron los Miuras lidiados, con los que la bravura no llegó, menos la emoción que conlleva el tan solo anunciarse en cualquier plaza. Las expectativas no se cumplieron en una fría tarde.
Rafaelillo, guerrero incansable que libró las más duras batallas frente a los Miuras, no dejó nada en el tintero. Valor y entereza con el cuarto del festejo, un toro que probaba y medía, con el que se habló de frente, para imponer su raza y poderío, y una ovación justa que le tributó en reconocimiento la afición de Madrid.
Juan de Castilla saludó sendas ovaciones en la novena cita de la Feria de San Isidro. Saludos también para Rafaelillo tras lidiar al cuarto. Silenciado fue Jesús Enrique Colombo en su lote.
En un día cargado de apuesta y compromiso con dos paseíllos en el mismo día (actuó por la mañana en Vic-Fezensac), Juan de Castilla dejó los momentos más lúcidos de la cita de hoy. Al segundo de la tarde, primero de su lote, le administró muy bien los terrenos, las alturas y las distancias.
Entendió el colombiano a un Miura noble, pero falto de poder. Con la diestra llegaron los mejores momentos en una tanda de cuatro grandes muletazos. Ante el quinto estuvo, de nuevo, dispuesto y entregado. Otro astado de embestida noble, aunque falto de empuje y finales.
Rafaelillo se topó con un lote de nulas opciones. Valiente estuvo frente al cuarto. Un toro al que sacó lo poco que tenía. Tras una buena estocada saludó a la ovación. El primero fue imposible.
Jesús Enrique Colombo tampoco tuvo un lote que permitiera el triunfo. Banderilleó a sus dos novillos con la facilidad que acostumbra. En la muleta lo intentó con ambos en dos labores, sin terminar de coger vuelo.
CUANDO SE INTENTA TODO
Almejito es el toro que abrió plaza, que se coló con peligro en el capote de Rafaelillo, rompiéndolo. En el caballo, muy parado, evidenciando la poca fuerza, aun así, fue fuertemente castigado en varas. Con la muleta, sonaba imposible, aunado a la fuerte exigencia del público que pedía que Rafaelillo le diera muerte al astado.
Ante Infractor, un ejemplar que desde salida evidenció su poca fuerza, Juan de Castilla tuvo la paciencia y solvencia de sobra y se impuso en una faena sólida, de apuesta grande, de vencer. Hacer lo correcto en el tiempo preciso le llevó a extraer muletazos no solo de poder si no de calidad.
El novillo áspero con ese peligro latente y Juan de Castilla firme por ambos pitones, incluso en algunos trazos le permitió llevarlo de largo.
Halconeo, el tercero de la tarde, permitió un buen saludo capotero a Jesús Enrique Colombo, que no lo pensó dos veces cuando decidió tomar los palos y cubrir el Segundo Tercio, soberbio, vibrante y poderoso en los dos pares.
El astado fue fijo y repetitivo, tomó bien el engaño que por la diestra llevó el torero venezolano. Por el izquierdo, tragaba poco el novillo, punteando, metiéndose con peligro y haciendo los amagos de buscar los mulos del torero.
Lo relevante, Divorciado, toro de Miura que saltó en dos ocasiones al callejón.
FOTOS: MANOLO BRIONES








