Un nuevo museo
Hace más de una semana se dio a conocer el proyecto de un nuevo museo en Zacatecas que puede convertirse en el eje rector que articule a otros espacios museísticos de la ciudad y del estado. La mención provocó que el lunes, este espacio publicara un cartón donde se mostraba el naciente proyecto como una innecesaria extravagancia, una propuesta que, en el estado actual de cosas, parecería accesorio e inútil. Además, la idea de darle vida al otrora Palacio de Gobierno se apareció como una ocurrencia que se mostraba ante la incapacidad de presentar una idea mejor.
Pero analizando el tema con detenimiento, un museo regional como se estila en muchos estados del país, no me parece mala. Si como se dijo, este nuevo museo estará bajo la tutela del Instituto Nacional de Antropología e Historia, estaría agregándose a un buen número de museos regionales que, entre otras cosas, investigan, exponen y difunden el patrimonio arqueológico e histórico de cada estado. Una búsqueda rápida nos arroja que un número considerable de ciudades (Tlaxcala, Querétaro, Puebla, Aguascalientes, Nayarit, Sonora, Guadalajara, San Luis Potosí, Torreón, Yucatán, Morelia, entre otros) poseen museos que exponen la historia local desde la época prehispánica o incluso anterior, hasta nuestros días, añadiéndose en algunos casos expresiones artísticas de ciertos periodos. Si bien en Zacatecas un museo así parecía no hacer falta por la interesante oferta cultural y museística de la ciudad y el estado en su conjunto, se había reparado poco en la necesidad de un espacio que enmarcara la historia local desde los primeros asentamientos humanos que habitaron la región, hasta ¿por qué no? nuestros días. Un viaje por las historias y la historia que nos hace zacatecanos.
Sin embargo, para evitar que la idea supere a la ejecución, hay que tener algunas consideraciones en cuenta. Líneas arriba destaqué con cursivas las palabras investigar, exponer y difundir. Según el ICOM (Consejo Internacional de Museos), una institución museística “investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial” de una comunidad. Pues bien, para que los anteriores requisitos u objetivos se cumplan a cabalidad, estamos en el entendido de que un museo requiere del despliegue del talento y aptitudes de múltiples profesionales en diferentes áreas. Si hablamos de investigar, un museo con vocación arqueológica e histórica requerirá a arqueólogos, antropólogos, etnólogos, historiadores y sociólogos que puedan no solo dar información de los objetos que se exponen, sino vincularlos en un discurso que dote de sentido las particularidades de nuestro pasado con las necesidades y preguntas de nuestro presente. De igual manera, la conservación y gestión de la colección necesitará de las habilidades de expertos en conservación y restauración que resguarden nuestro patrimonio histórico, científico o artístico para las siguientes generaciones. Y finalmente, con la exhibición y difusión del contenido, que es el fin último del museo aunado al contacto con el público y la comunidad que le da sentido a esa institución, tendrá que echar mano de expertos en diseño, marketing, comunicación, curaduría, entre muchos otros. El caso es que, en efecto, un museo no es un capricho o una invención. Para que funcione y perdure más que un sexenio o un proyecto político, deberá tener cimientos bien fundamentados y, para ello, no solo el capital humano antes mencionado es necesario y deseable, también lo es una colección que permita articular diferentes narrativas en torno a nuestro pasado, que sea capaz de conectar con la capacidad de interpelar continuamente a sus visitantes, para no crear un elefante blanco que terminaría siendo ahora sí, innecesario y accesorio. He tenido la oportunidad de visitar algunos de los museos regionales mencionados anteriormente y algunos solo tienen la fortuna de estar situados en un espacio histórico bello e interesante, pero carecen de un guión museográfico bien elaborado y, en el peor de los casos, incluso de una colección. Finalizo mencionando que sí, la idea es buena, pero más allá de darle un nuevo uso a un espacio deshabitado, habrá que contemplar que sí sea un nuevo museo en toda la extensión de la palabra.
