MÉXICO.- La calle está pintada casi toda de violeta y se llama Violeta. Está cerrada, ya no tiene ni el número y nadie se acuerda.
Andrés Manuel López Obrador, asumirá la Presidencia de México este sábado a los 65 años de edad, tras tres campañas electorales y ya casi nadie recuerda que en agosto de 1972 tenía 19 años y llegaba de Tabasco a la Ciudad de México para inscribirse a la UNAM sin tener dónde hospedarse.
En el libro “Los suspirantes 2018”, Jorge Zepeda Patterson cuenta que tocó en el número 123 de la calle Violeta, en la colonia Guerrero. “El joven deseaba hospedarse sin mayor credencial o trámite que su cerrado acento del trópico. Fue suficiente: era la Casa del Estudiante Tabasqueño”.
Agrega que a López Obrador la vida estudiantil en México le parecía aburrida y que probablemente padecía depresión pues prefería quedarse dormido todo el día.
Apodado en la casa como “La Piedra” por su terquedad, López Obrador viviría ahí un año y medio, hasta septiembre de 1973 cuando oyó en la radio el golpe de Estado perpetrado en Chile por Augusto Pinochet contra el gobierno socialista de Salvador Allende.
Zepeda cita una entrevista con Héber Sánchez, el hombre que lo recibió y a quien después convertiría en diputado: “Ese día escribió en el pizarrón del comedor: ‘Viva el pueblo de Chile’. Al día siguiente cambió. ‘Nunca más faltó a la escuela y comenzó a interesarse a fondo en las clases’”. Fue por eso, afirma, que se mudó a un departamento de Copilco.
En su libro “AMLO: vida privada de un hombre público”, Jaime Avilés, uno de sus amigos a quienes López Obrador le dedicó su victoria del 1 de julio, cuenta otra versión: llegó a Violeta 123, recomendado por el poeta tabasqueño Carlos Pellicer.
Según Avilés, fallecido el año pasado, el motivo del cambio de residencia fue la represión desatada por el Gobierno de Luis Echeverría. Tras la matanza de estudiantes del 10 de junio de 1971 las casas de los estudiantes de provincia fueron clausuradas por los órganos de seguridad.
López Obrador se mudó no a un departamento, escribe Avilés, sino a un cuarto de vecindad.
Dos plantas, color beige la de abajo, ladrillo viejo la de arriba, la casa sigue cerrada. Tiene el número 125 y sólo un vecino recuerda que ahí vivió el próximo Presidente. El ingeniero César Silva Terrón, de 53 años, es un anti López Obrador, pero es el único que recuerda.
“Vivió unos años, pero fue intrascendente, aquí nadie lo recuerda, sólo gente como ustedes que le rascan, pero fue intrascendente”, dice.